Capadocia, la ciudad mágica y perdida


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Capadocia, la ciudad mágica y perdida por Luis Alejandro Bernal Romero (Aztlek) se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Reconocimiento-CompartirIgual 2.5 Colombia.

Este cuento es la introducción al juego Capadocia, que es un juego del rol en red, colaborativo y para el aprendizaje de la programación de Orientada a Objetos.

En el universo mágico de Folgor, donde la luz juega el lugar de la verdad acompañada de la veracidad, estaba Capadocia, su ciudad capital. La ciudad de los Creadores de realidad, de los Arquitectos de la magia, de los Maestros de las artes arcanas, de los Artesanos herméticos y de los Discípulos iniciantes en los misterios del mundo Folgor. Capadocia la ciudad de la libertad mágica. A ella llegaban todos los magos avanzados a perfeccionar sus artes arcanas, a ser y existir en la magia.

La iniciación

En el universo mágico de Folgor, donde la luz juega el lugar de la verdad acompañada de la veracidad, estaba Capadocia, su ciudad capital. La ciudad de los Creadores de realidad, de los Arquitectos de la magia, de los Maestros de las artes arcanas, de los Artesanos herméticos y de los Discípulos iniciantes en los misterios del mundo Folgor. Capadocia la ciudad de la libertad mágica. A ella llegaban todos los magos avanzados a perfeccionar sus artes arcanas, a ser y existir en la magia.

En Capadocia residía el Concejo de Magos Libres, que estaba conformado por los magos más avanzados y sabios. El Consejo de Magos Libres consideraba la libertad de los magos y la libertad de hacer magia como su bien más preciado. Por ello estableció las cuatro libertades de la magia: La primera, un conjuro mágico se puede usar en lo que se quiera. La segunda, un conjuro mágico puede ser estudiado. La tercera, un conjuro mágico puede ser modificado como se quiera. Y la cuarta, un conjuro mágico puede ser pasado a otra persona como se quiera. Todo esto se puede hacer siempre y cuando no dañe a nadie.

De esta forma, El Concejo aseguraba que la magia evolucionara para y por las personas. Porque el objetivo principal del Consejo es que las personas evolucionen en todos sus planos de existencia y esa transformación está intrínsecamente vinculada a la magia. Por que la magia está vinculada a el alma y al estado espiritual. Si la magia evoluciona, el alma evoluciona y por ende la persona.

La magia es la base del pilar de mundo Folgor, es su razón de ser, de su existencia, sin ella se destruye. Las artes oscuras y translúcidas fraguan en igual medida a este mundo, tanto que se dice que cuando alguna tome supremacía sobre la otra Capadocia desaparecería. Y de esa forma uno de sus magos, Kranter inició el fin de Capadocia.

Kranter era uno de los más grandes magos de Capadocia, pero no estaba de acuerdo con la libertad mágica, decía que solo pueden aprender magia una pequeña elite, que los conjuros mágicos pertenecen en exclusiva al que los creó, y solo pueden ser usados con su permiso y por ninguna razón pueden ser modificados y menos regalados o cambiados. De esta forma imposibilita la evolución de la magia y de las personas.

El objetivo de Kranter era tener el poder único y absoluto de la magia y El Consejo era su principal obstáculo. Capadocia era la ciudad del Consejo, la ciudad de la libertad mágica. Para Kranter destruir a Capadocia era destruir al Consejo y todo lo que representaba.

Por eso, un buen día. Uno en el cual brillaban los soles de Folgor sobre una alegre y despreocupada Capadocia. Un día, en que estaba reunido El Consejo en pleno para hablar del problema de Kranter y sus Esbirros (sus esclavos), la ciudad de Capadocia desapareció. Si, desapareció. Un muy fuerte hechizo Kranter la desvaneció. Y así él se apoderó del mundo Folgor, llamándolo Mundo Kranter y dictando leyes sobre la magia, restringiendo su uso, solo para él y sus esbirros, so pena de perder mucho más que la vida.

Folgor, que hasta entonces era mundo luminoso, se tornó oscuro y tenebroso, cuando su mayor gema, Capadocia dejó de brillar. Un mundo lleno de monstruos, peligros y esbirros de Kranter a cada paso, en cada lugar, en cada rincón. Donde está prohibido practicar la Magia libre. Y donde, de vez en cuando, entre la ruinas, se alcanza a vislumbrar su antiguo esplendor.

Solo unos pocos de los grandes maestros de la magia pudieron escapar y ellos solos no se pueden enfrentar el poderío de Kranter, por eso, es necesario que consigan discípulos. Y estos deben llegar a ser grandes magos que a su vez enseñen, para que, algún día, puedan ser tantos y tener tanto poder que puedan reencontrar a Capadocia y comenzar a vencer a Kranter.

— Por eso, discípulo tu eres el elegido para encontrar Capadocia y devolverle su antiguo esplendor. Deberás empezar a recorrer el oscuro camino del discipulado en compañía de tu maestro y de los otros elegidos — dijo gravemente ese anciano de báculo, levita y sombrero puntiagudo que se había encontrado en ese mundo virtual al que había sido trasladado no sabia como. El anciano continuó.

— Te llamarás Paido por que en este mundo de magia eres apenas un niño y en el futuro, cuando recuerdes tu verdad, tomarás el nombre de Aztlek pues de ese mago-guerrero eres su reencarnación.

— ¿Magia, mago-guerrero, mundo Folgor, Capadocia, de que estás hablando anciano decrépito? — dijo entre disgustado y confuso el muchacho.

— Silencio, te está hablando tu maestro y debes escuchar la voz de la sabiduría que habla a través de mi.

En los ojos del mago se reflejaba una severidad de tal naturaleza que el muchacho se silenció.

El anciano comenzó a buscar entre los pliegues de su ropa, después de sacar una rana viva que miraba felizmente al mago, varios artilugios que nunca había visto y algunas otras hierbas muy extrañas, el mago pareció encontrar lo que tan afanosamente buscaba. Cuadro objetos todavía más extraños que los otros. Se movían por si mismos, uno tenía unos aros que giraban alrededor de una esfera que casi no se veía; el otro, realmente complejo, una espiral que rotaba alrededor de unas esfera que parecía un espejo; el otro objeto, era una esfera corrugada alrededor de la cual y a través de su superficie rotaban esferas de un metal oscuro; y el objeto final parecía un mapamundi en el cual los meridianos y paralelos se habían convertido en anillos de madera y estos ya no estaban en contacto con la superficie del mundo, sino que que este se había contraído en una esfera en el centro de estos. ¡Todas las partes de los objetos estaban suspendidas en el vació!

Entonces el mago tomó uno de los objetos, el complejo de la espiral.

— Este es El Ave Mensajera, lleva mensajes al hogar de cualquier persona en el mundo Folgor y si la persona no está, el mensaje no se pierde sino que espera por su destinatario, pero eso si, no recibirás respuesta inmediata.

— Este otro — dijo tomando el de los aros con la esfera casi invisible — es El Mensajero Invisible, que sirve para llevar mensajes a cualquier persona en el mundo Folgor pero si la persona no está en esta realidad, El Mensajero Invisible, que no es muy inteligente, no lo puede entregar.

— Este otro, El Multicristal, — el objeto de esfera central y otras que los circunnavegan — sirve para tener una conversación con varias personas al mismo tiempo.

— Y finalmente este, La Bola Mágica — y el mago tomó en su mano el que parece un mapa mundo desnutrido — sirve para hablar privadamente y a distancia con una persona.

— El Ave Mensajera para enviar mensajes que esperan, El Mensajero Invisible para mensajes que no esperan, El Multicristal para hablar con varias personas a la vez y el mapa mundi desnutrido para hablar privadamente con una persona — repitió el discípulo con gesto de concentración.

— No se llama el mapa mundi desnutrido, se llama La Bola Mágica — dijo severamente el mago — en el mundo de la magia tienes que llamar las cosas por su nombre, por que si no, pueden perder su identidad y dejar de ser, mi discípulo Palondio — Cuando dijo eso el muchacho empezó de desvanecerse — Perdón, Paido — y el discípulo volvió a tomar consistencia.

— Uff, perdón, no sabia — dijo sudando y aliviado.</P

Entonces el anciano mago comenzó a explicarle a su discípulo el uso de los cuatro objetos mágicos. Cada vez que Paido se equivocaba en el uso de los objetos el mago lo reprendía severamente con ojos llameantes y en todas las ocasiones Paido intentaba y reintentaba hasta conseguirlo.

— Paido, la repetición es la fuente de la sabiduría — dijo muy poco satisfecho el mago cuando por fin su discípulo pudo manejar un poco torpemente los objetos — Con el tiempo y mucha practica aprenderás a manejarlos adecuadamente.

— ¿Maestro como puedo llamarlo, cual es su nombre?

— ¡Ha!, verdad, no me he presentado, soy el Maestro Gunda, por que soy el alegre trabajador de la magia.

Paido se preguntaba donde tenia lo de alegre ese viejito que no hacia sino regañarlo cuando cometía el menor error. El Maestro Gunda sacó una pequeña bolsa de entre sus ropas y mediante ágiles manipulaciones metió los cuatro objetos en esa pequeña bolsa más pequeña que los objetos.

— Definitivamente en este mundo las leyes no son las mismas — pensaba asombrado Paido.

— Se me olvidaba, tu libro de conjuros, el objeto más importante de un mago.

Y le tendió un gigantesco libro con una pluma de unos colores indefinibles, parecían moverse. Paido, imitó los movimientos de mago al meter los otros objetos en la bolsa y el libro fue tragado por ella.

— No lo guardes, ahora es cuando comienza la primera lección de mágica.

Paido metió su mano pensando en el libro cuando de pronto lo sintió en su palma y podo sacarlo fácilmente.

— ¿Por qué este viejito no puede sacar los objetos con esta facilidad?

— Bien, ahora vas a aprender a hacer tu primer conjuro, uno que saluda por si mismo.

El Maestro Gunda sacó su propio libro, mucho más grueso que el que le acababa de dar y lleno de hojas sueltas, amarillas y rotas en los bordes. Después de algunos momentos de buscar afanosamente pareció encontrar lo que buscaba.

— Por fin, una hoja limpia. Bueno, pon atención a lo que voy a hacer pues el lenguaje de la magia es muy críptico y preciso, cualquier modificación por mínima que parezca hace que el conjuro no funcione.

Entonces cogió una pluma parecida a la que le había dado a Paido, solo que mucho más vieja, parecía tener miles de años y comenzó a escribir algo en una lengua muy extraña. Cuando terminó se lo mostró a Paido y le explicó parte por parte el conjuro. A Paido le pareció una lengua demasiado detallada, todo había que decirlo y según le refería su maestro si algo faltaba o sobraba el conjuro no funcionaría.

— Ahora mira como funciona — le dijo el Maestro Gunda.

El mago pronunció en voz alta el nombre del conjuro y este emitió una letras que saludaban al mundo. A Paido no le pareció gran cosa.

— Ahora inténtalo tu.

Paido aplicó toda su concentración en escribir el conjuro y varias veces los comparó con el de su maestro para que estuviera bien escrito. Cuando lo terminó pronunció su nombre en voz alta.

Y no sucedió nada.

— Tranquilo, tienes un error en esta parte, corrígelo y verás como funciona tu conjuro.

Paido los corrigió y intentó una vez más invocar el conjuro.

Nada.

— Ahora tienes un error en esta parte, debe ser esto y no esto otro.

Al décimo intento, Paido repetía con voz cansada la invocación.

— Hola mundo — dibujó el conjuro.

Y el rostro de Paido se iluminó con lo que antes no le parecía nada especial.

— Con razón el Maestro comenzó con esto, parece sencillo pero es espantosamente difícil — Pensaba con cierto orgullo.

— Lo que te hace falta es práctica. Recuerda que tu misión en este mudo es convertirte en un gran mago para que podamos descubrir donde Kranter escondió a la ciudad de Capadocia y con ello comenzar a recuperar la libertad mágica. Para ello debes hacer y recorrer tu propio camino mágico en el que resolverás retos de magia: algunas ocasiones será naturales, en otras encontrarás a los aterrorizantes Esbirros de Kranter que tratarán de que no completes tu camino. Mira — el Maestro Gunda señaló en una dirección y comenzó a perfilarse un camino que antes no existía

— ese es tu camino, el que tu has creado y que debes recorrer.

Paido miró interesado y desconcertado al mismo tiempo.

— Podría jurar que eso no estaba hay antes.

— En el Mundo de Folgor todo es difuso, pues tal es el conjuro de Kranter para que sea muy difícil aprender magia, tu camino siempre ha estado hay, aguardando tu regreso pero la niebla de Kranter antes tu ojos no dejaba verlo — dijo el Maestro como si le leyera la mente — En el camino siempre estaré a tu lado, utiliza los objetos mágicos para comunicarte conmigo, los otros maestros y los otros discípulos, pero recuerda que el camino lo debes recorrer tu y no yo y que los esbirros de Kranter te están aguardando en cada vuelta del camino. Cuídate de el más peligroso de todos, Fuyai el gusano que todo lo come.

Diciendo esto el Maestro desapareció como todos los maestros magos lo hacen. Se alejo caminando lentamente por otro camino.

Comienza el camino

Al día siguiente, antes de empezar el camino, Paido decidió utilizar uno de los objetos mágicos para aprender y conocer más personas que pudieran ayudarle en la tarea.

Así que tomó El Multicristal y después de varias horas de intentar conectarse lo logró, había una animada conversación en una de las partes del Multicristal, así que decidió entrar. Pero el sitio no se hablaba de magia, ni de temas que le ayudaban a completar su misión. Intentó e intento en varios lugares con el mismo resultado, nada interesante. Pero recordó que su maestro le había dicho que apuntara que sitios había visitado para luego volver a ellos, pero en este caso los apuntó para no volver a visitarlos. A si que decidió emprender su camino e intentar más luego.

Adelante, el camino empezaba a subir a una montaña, a un lado había lo franqueaba un precipicio y al otro una pared montañosa imposible de escalar, lo que hacía que no se pudiese desviar del camino.

— Espero no encontrar ningún obstáculo o tocará devolverme.

En ese momento se dio cuenta de que había una hoja de conjuro en el suelo, la tomó y leyó.

— Conjuro para mover objetos: En la invocación diga el nombre del objeto y la cantidad de espacio que el objeto debe moverse — decía el conjuro en una letra extrañamente parecida a la de su maestro, después continuaba todas las invocaciones mágicas que definían el conjuro, no entendió nada.

— No se para que me pueda servir pero guardémolo, uno nunca sabe — y sacando el libro como le había visto hacer a su maestro, fusionó el conjuro al libro.

Y más adelante tal como había pensado, un poco pesimistamente, encontró una enorme roca que no lo dejaba pasar. Intentó moverla pero al aplicar todas su fuerza esta ni siquiera se movió.

— Tocará devolverme y encontrar una bifurcación que me lleve a un camino que rodee este obstáculo.

Pero se puso a pensar que en lo que llevaba de recorrido del camino no había visto ninguna bifurcación. Había que sortear la roca, intentó escalarla, pues en la realidad el practicaba escalada y no debería ser problema superarla. Pero nada, cuando intentaba escalarla se volvía lisa como un espejo.

— Definitivamente las leyes en este mundo son otras ¿Qué haré ahora, habré fracasado en mi misión sin haber empezado?

Y se sentó desconsoladamente en el camino. De pronto sintió a El Ave Mensajera revolverse inquieta en su bolsa así que la sacó, tenía un mensaje de su Maestro.

— Paido, no olvides nunca que este es un mundo de magia y todo lo que puedes hacer en él tienes que hacerlo mediante conjuros. Recuerda, tienes los medios en ti.

— Si eso le se pero… — en ese momento recordó el conjuro que había recogido en el camino y que servía para mover objetos, estudió su utilización profundamente y decidió aplicarlo.

— Roca, muevete a la izquierda.

La roca de movió y cayó rodando por el precipicio despejándole el camino.

— Esa es la forma en como funcionan las cosas en este mundo, no lo olvidaré para la próxima — y respondió el mensaje de su Maestro con un un gracias bastante enfático.

Mientras descansaba decidió probar una vez más El Multicristal, otra vez el resultado fue el mismo, más y más sitios de charlas que no le interesaban, seguía anotando donde no volver.

Entonces decidió estudiar el conjuro del movimiento, pero no su utilización, sino como estaba hecho.

— Esto es realmente complicado, entiendo pocas de las cosas que hay aquí.

Sin embargo decidió probar nuevos conjuros como parte de las invocaciones que alcanzaba a entender o que creía entender.

— Veamos, esta parte de aquí parece ser que es la que hace referencia al objeto más próximo, probemos con esta pequeña piedra cambiándole el color.

Nada. Modificó las invocaciones y nada. Miró las invocaciones originales y descubrió que tenia un pequeño error, lo corrigió y ensayó una vez más.

— Piedrita, cambia tu color a rojo.

Y la piedra respondió cambiando paulatinamente su color.

— El lenguaje de la magia es absurdamente preciso, cualquier cambio pequeño hace que el conjuro no funcione — dijo con una sonrisa de triunfo en el rostro.

Anotó entonces el conjunto de invocaciones en su libro y lo llamó cambio de color de un objeto cercano. Y en el camino movió y cambió de color a cuanta piedra encontraba. Finalmente quedó un camino de piedras multicolores y los que actualmente pasan por ahí se preguntan quién pudo hacer esto.

— Debe haber una forma de indicar un conjunto de piedras y no una por una ¿Donde podré encontrar ayuda al respecto?

Así que decidió preguntarle a su Maestro mediante El Mensajero Invisible, pero el mago no estaba, a si que el mensajero se perdió y no volvió sino hasta el día siguiente con movimientos temblorosos. La tomó tiempo meterlo a la bolsa por que estaba muy asustado.

— ¿Qué le pasará a este artilugio miedoso?

Entonces envió al El Ave Mensajera preguntandolé a su maestro: ¿cómo aplicar un conjuro a varios objetos al mismo tiempo?

Mientras esperaba su regreso siguió su camino. A los pocos días llegó la respuesta en una velocísima y reluciente Ave mensajera. Tenía que aplicar una invocación repetitiva. Decidió utilizarla en un grupo de piedras y como siempre los primeros intentos fallaron, pero insistió e insistió hasta que logró cambiar un inmenso grupo de piedras. Pero, más de las que pensaba. ¡El hechizo no terminaba y el color se expandía y expandía en toda la montaña! A este paso todo Folgor tendría el mismo color, una especie de fucsia que había escogido para el ensayo.

— ¿Que hago, como detengo esto?

En ese momento sintió a La Bola Mágica retorcerse violentamente en su bolsa.

— Ahora no tengo tiempo de mensajes — el color seguía propagándose por toda la montaña y La Bola Mágica se retorcía casi saliéndose de la bolsa.

La tomó y vio el siguiente mensaje de su maestro.

— Si en un ciclo mágico infinito estás, debes pararlo invocando rápidamente un conjuro de parada. Rápido — y aunque era un mensaje parecía oír la voz de su maestro apurándolo. Mientras tanto el color casi alcanzaba la cima de la montaña.

— Conjuro de multicambio de color, para.

Y el cambio del color se detuvo muy cercano a la cima. Paido suspiró aliviado.

— Y ahora,¿cómo lo podré volver a su estado original? — quedó pensando un buen rato — pues a su estado original no puedo, pero si puedo hacer una bella composición.

Así que primero se dijo que corregiría el conjuro para que no quedara en una repetición infinita y en sus intentos cambió las piedras de la montaña a verde. Casi le pasa lo de antes pero ya sabía utilizar el conjuro de parada. Finalmente descubrió el problema y lo corrigió, el delimitador del ciclo mal escrito en la parte del conjuro que ayudaba a repetir.

Con este conjuro corregido cambió los colores de la piedras de la montaña por grupos y quedó muy satisfecho del resultado final. Así que decidió aplicar la repetición al conjuro de movimiento. De esa forma aprendió como mover un conjunto de piedras velozmente y que pararan donde el quería.

La montaña no volvió a ser la misma desde ese día.

Elijat

Así que continuó su camino buscando retos en los cuales aplicar sus nuevos conocimientos y conjuros.

A la vuelta del camino encontró la razón por la cual El Mensajero Invisible temblaba, un esbirro. Este tapaba el camino. Era una sombra indefinible y en cuya cercanía se sentía un frío sobrenatural. No había forma de devolverse, había que continuar adelante así que decidió encararlo.

— ¿Quién osa utilizar magia libre, no sabes que esto está prohibido en el Mundo Kranter? — dijo una voz como salida de un poso sin fondo y mirando la miríada de piedras de colores.

— Soy un aprendiz de mago y estoy aprendiendo a hacer nuevos conjuros.

— Alto, solo las personas autorizadas por Kranter pueden hacer magia, estás a punto de perder tu alma por ello, eres un pirata de la magia que se escuda en el aprender para violar la ley.

— La magia deber se libre y cualquier persona la debe usarla sin necesidad de pedir permiso a Kranter, no a nadie. La magia es un bien común, algo que es de todos — dijo el discípulo citando las convicciones de su maestro.

— La ley del Mundo Kranter prohíbe la utilización de la magia libre y este camino está prohibido y solo queda la muerte para las personas que lo violen — y una sombra negra llena de muerte salió del esbirro en su dirección.

El corazón de Paido golpeaba fuertemente y la sensación que causaba la adrenalina, tan conocida en él en su vida real surgió. Su mente funciona a toda velocidad, vio una gran cantidad de piedras multicolores en el piso, recordó el conjuro de movimiento de piedras y las dirigío a la sombra negra, que ya estaba encima de él.

La sombra comenzó a rasgarse más por el color que por el peso de las piedras mismas hasta que quedó echa jirones y se disolvió en el aire.

En ese momento la informidad que era el esbirro comenzó a tomar forma, era una persona, un muchacho igual que él, vestido con ropas de aprendiz de mago pero hechas jirones. La figura se desmayó

Paido se acercó a socorrerlo y lo abrazó en un gesto protector.

— Gracias por hacerme ver la luz, la magia es para todos y debe ser utilizada por todos, me haz salvado del oscuro encantamiento de Kranter gracias a tu sabiduría y fuerza — dijo el antiguo esbirro de Kranter — Me llamo Elijat.

— Elijat, podemos recorrer el camino de Capadocia juntos y devolver la luz sobre el Mundo Folgor ¿Te unes a los magos libres? — le dijo Paido con la esperanza de tener un nuevo amigo en este mundo tan tenebroso.

— Te debo la vida y seguiré ese camino del que me hablas.

El influjo de la magia no libre

Paido y Elijat reemprendieron el camino. En el transcurso Paido averiguó que Elijat no era tan poderoso, su magia se basaba en usar conjuros escritos por otros, no tenía ni idea de como se producía la sombra negra, era un conjuro que había comprado muy caro a los Esbirros de Kranter, a cambio había perdido su libertad.

— Si quieres te enseño lo poco que sé — le dijo Paido y se aplicó a enseñarle como hacer conjuros nuevos.

En una semana la montaña había cambiado innumerables veces de color y de forma. Los nuevos amigos se divertirán como locos creando nuevos conjuros. Entre los dos pudieron aprender más rápido, pues Elijat era muy inteligente y veía cosas que Paido no.

— ¿Cómo es posible que cayeras bajo en influjo de la magia no libre, siendo tu tan inteligente?

— El afán de hacer las cosas sencillas, los lenguajes mágicos de Kranter son mucho más fáciles que los de los magos libres, pero yo no veía que ello me estaba restando mi libertad pues no podía crear mis propios conjuros, siempre debía adquirir el permiso de uso de los conjuros que me permitan hacer cosas — dijo un poco apesadumbrado Elijat.

— Pero esos tiempos ya pasaron, no te preocupes que aunque ahora no puedes hacer conjuros tan poderosos, estos si son tuyos, tu los has creado y no tienes necesidad de vender tu alma. Y en el futuro tendremos conjuros tan poderos como los de Kranter y su gente — Paido la palmeaba la espalda para reconfortarlo.

Elijat recuperó rápidamente su ya jovial animo y los dos siguieron practicando a hacer conjuros.

— ¿Cómo se hará para que se puedan cambiar algunas piedras y otras no, por ejemplo decir que las que son muy grandes sean de un color y las pequeñas de otro, y claro, todo en el mismo conjuro? — dijo Elijat después de aplicar repetidamente el cambio de color a un grupos de piedras para que las grandes fueran de un color y las otras de otro.

— Ni idea, tal vez podríamos preguntarle a mi maestro.

Y enviaron El Mensajero Invisible que ya había aprendido a no tenerle miedo a Elijat. Esta vez, el mensajero volvió con un nuevo conjuro, el de condición.

Los dos amigos decidieron aplicarlo haciendo uno nuevo, y como siempre, en las primeras invocaciones no sucedió nada. Revisaron la escritura del conjuro, comparándola con las instrucciones del Maestro Gunda encontraron pequeños errores. Invocaron una vez más y todas las piedras cambiaron, tanto las pequeñas como las grandes.

— Esto no es lo que queremos ¿Qué será lo que pasa? — dijo Paido.

— Mira, la condición está mal — la corrigió rápidamente y realizó, de nuevo, el conjuro.

Y por fin las piedras grandes quedaron de un color y las pequeñas de otro.

Los dos amigos decidieron hacer nuevos conjuros con este nuevo conocimiento y después de un tiempo tenían un arsenal bastante voluminoso en sus libros. También habían convencido a un reticente Maestro Gunda de que aceptara a Elijat como discípulo, pero al final le entregó sus objetos mágicos.

Con estos nuevos objetos ensayaron a comunicarse entre sí, también crearon conjuros con los cuales podían comunicarse rápidamente, los cuales utilizaban los objetos mágicos.

Crear objetos

Todas las noches, mientras descansaban de caminar, Paido ensayaba El Multicristal en búsqueda de espacios donde de hablara de magia libre, pero sin ningún éxito. Entonces Elijat le dijo.

— Ya que parece que no existe lo que estamos buscando ¿por que no creamos nuestro propio espacio en EL Multicristal.

— Tienes razón, en el mundo de la magia libre si algo no existe hay que crearlo.

Y pusieron manos a la obra creando el nuevo espacio de magia libre. Gracias a él conocieron a muchos aprendices de mago que se interesaban el la magia libre.

Les enseñó que ciertas partes de los conjuros eran comunes y que podían agruparse de tal forma que se podían utilizar una y otra vez. Y fueron más aya de ello pues en El Multicristal crearon un espacio donde todos ponían conjuros comunes y que todos podían aprovechar y mejorar. Con el tiempo el grupo de magia libre de Paido y Elijat tenia cientos de conjuros, era un arsenal

Después de mucho tiempo vieron de nuevo al Maestro Gunda.

— Bueno ya es hora de que dejen de ser aprendices y pasen al nivel de artesanos y para ello deben aprender a crear objetos.

— ¿Aprender a crear objetos? — respondieron emocionados y al mismo tiempo.

— Si, el primer paso es conocer las clases de objetos que existen para poder crear nuevos — y les dio las clases piedra, madera y otros — La forma de crear un objeto es la siguiente — y anotó en su libro de magia mostrándoles a sus discípulos e invocó el conjuro de creación.

Como siempre los discípulos ensayaron y no pudieron.

— Deben hacerlo de este forma y no de esa.

Intentaron una vez más, nada.

— Miren, tienen un error en esta parte del conjuro.

Esta vez si pudieron crear nuevos objetos. Paido creo una enorme piedra, pero no especificó donde debería estar y le cayó encima, el Maestro invitó un sencillo conjuro de movimiento y se la quitó. Elijat se reía apoyándose en su piedra que exhibía múltiples colores.

Paido recompuso su conjuro y esta vez creó la piedra en donde quería y con colores cambiantes para ganarle a la de Elijat.

— Bien, ahora deben iniciar el camino de los artesanos para ello cada uno debe crear su propio taller de artesano, hay
que buscar el sitio adecuado.

Fuyai

Así que, una vez más, Paido y Elijat retomaron el camino.

— ¿Qué te perece ese sitio Paido? — dijo señalando una pradera con un pequeño bosque al lado.

— Ese es el. sitio ¿Qué parte quieres cerca del río o del bosque?

— Yo quiero cerca del río.

— Entonces yo tomaré cerca del bosque.

Utilizaron los objetos y clases que su Maestro las había regalado y en con unos cuanto hechizos tuvieron sus talleres. Empezaron a llenarlos de objetos mágicos que sacaban del espacio que habían creado en El Multicristal, contribuciones de magos avanzados. Con el tiempo, otros magos empezaron a llegar a los talleres de Paido y Elijat. Venían a intercambiar hechizos, objetos mágicos y clases de objetos que les permitían a su vez hacer nuevos hechizos. Tomaron fama. Muchos magos los visitaban por que conocían la calidad de sus creaciones y con ellos llegaban más objetos y clases. Tuvieron que ampliar varias veces sus talleres hasta que se convirtieron en una sola edificación.

Pero un día, llegó un Esbirro de Kranter, uno pasmoso de múltiples formas. Fuyai, el gusano que todo lo come. Paido recordó la advertencia que la había hecho su maestro sobre este esbirro.

— Cuídate de el más peligroso de todos los esbirros de Kranter, Fuyai el gusano que todo lo come. — e interrumpiéndole los pensamientos.

— Soy Fuyai el que todo lo come y mi amo Kranter se ha enterado de sus actividades ilegales con la magia libre y me ha encomendado acabar con ustedes.

Los dos artesanos magos salieron de su taller y miraron horrorizados la figura del gusano enorme y multiforme que se erguía ente ellos. Mirando esto el gusano comenzó a engullir sus talleres. Todo lo comía.

— Demosle algo distinto que comer o va acabar con todo lo que hemos construido — dijo Elijat gritando sobre el ruido que hacia al Fuyai al comer.

— No se que hacer, que le da uno a algo que come sin llenarse — y Paido pensando un poco dijo — ¡Pues se le da un numero infinito de objetos! Combinemos una repetición infinita con una invocación de creación de objeto.

Y dicho esto, los dos artesanos se pusieron a escribir el conjuro.

— Ahora hay que hacérselo tragar — dijo Elijat.

— Eso no es problema, voy a meterlo en ese cuarto que todavía no ha engullido y cuando llegue a él con esa forma de comer ni siquiera se dará cuenta de la trampa — y Paido salió corriendo con el conjuro en la mano.

— ¿Pero quién haga de invocación deberá estar dentro de Fuyai.

Y en ese momento Paido entró al cuarto y en el instante siguiente Fuyai engullía el cuarto, al conjuro y a Paido. El gusano se detuvo por un momento como si se hubiera tragado algo muy duro y se dirigió al ultimo cuarto que quedaba en pie.

— Los siguientes son ustedes ¿Y donde está tu amiguito? — y en ese momento Fuyai comenzó a retorcerse violentamente.

Y en un momento estalló.

Elijat fue derribado por una de las piedras del conjuro que estaba cubierta de restos de carne de Fuyai, dejándolo inconsciente. Cuando volvió en si vio dos figuras que se inclinaban sobre el, una era de su amigo y la otra de una joven que tenía alas de mariposa en su espalda.

— ¿Estás bien amigo? — le preguntó Paido.

— Un poco aturdido, pero bien, creí que habías muerto.

— Solo estoy un poco asqueado de haber estado dentro del gusano.

— ¿Quién es ella?

— Es Fuyai, pero no el gusano, sino la artesana de la magia, como nosotros.

— Mucho gusto ¿Pero de donde saliste? — preguntó Elijat sosteniéndose la cabeza donde había golpeado la piedra.

— Yo era el Gusano Fuyai, pero ustedes me ha liberado del influjo de Kranter y ahora quiero ayudarles reconstruir lo que me comí y aprender magia libre.

Y al igual que con Elijat le enseñaron magia libre y los tres construyeron nuevos talleres que terminaron formando una sola estructura como antes. Pero no solo crecieron los talleres sino los hechizos, los objetos y clases de objetos cuando se estableció una afluencia permanente de magos que iba a verlos y a hacer intercambios.

Fuyai creaba cosas muy distintas de las de Paido y Elijat eran objetos como flores, jardines y hermosos árboles, así que al poco tiempo tuvieron una naturaleza amable que hacia juego con las piedras de colores de Paido y las refulgentes de Elijat.

Y pusieron los hechizos de estos objetos en el espacio del Multicristal y lo llenaron con mucha magia libre, ayudados por muchos magos que hacían lo mismo.

La maestría

Con el tiempo Fuyai fue aceptada como discípula del Maestro Gunda y el los visitó nuevamente.

— Es hora del siguiente nivel, el de maestros, para ello deberán aprender a crear nuevas clases de objetos.

Y les enseñó como hacerlo y ellos ensayaron y como siempre fallaron en el primer intento, a excepción de Fuyai que lo logró en uno solo. Gunda estaba muy complacido con la nueva discípula pero no lo expresaba para no desanimar a sus otros discípulos.

Así que los ayudó y aprendieron a crear nuevas clases de objetos.

— Ahora deben construir un castillo mágico porque todo maestro lo tiene y deben comenzar a conseguir discípulos pues eso define a un maestro.

Así que se dieron a la tarea de construir el castillo, pero esto no fue lo más difícil, ni siquiera lo fue conseguir discípulos, lo difícil fue enseñarles la magia libre. Sus discípulos parecían muy torpes y aprendían muy lento.

— ¿Es que no se acuerdan de como eran ustedes? — le respondió el Maestro Gunda cuando desesperados acudieron a él — Paciencia, concentración y disciplina es lo que deben tener para dominar cualquier arte.

Así que decidieron tener paciencia, concentración y disciplina. Con el tiempo sus discípulos pasaron de aprendices a artesanos y mientras tanto enriquecían el castillo con objetos creados con las nuevas clases y muchas las ponían en el espacio en el Multicristal y se repitió la historia, con el tiempo habían muchos nuevos objetos y clases, tantos que ya empezaban a superar a los conjuros que Kranter tanto atesoraba.

Kranter ataca

Y sus discípulos llegaron al nivel de artesanos, construyeron sus talleres alrededor del castillo de la magia libre como era llamado. Y como resultado se fue conformando una comunidad de magia entorno al castillo.

— Ya es hora del siguiente nivel, el de Arquitecto ahora aprenderán a crear clases de objetos complejos.

Y aprendieron y pasaron al siguiente nivel, sus discípulos les pisaban los talones convirtiéndose en Maestros a su vez y los discípulos de los discípulos con el tiempo construyeron sus castillos de Maestros y la ciudad de la magia libre fue creciendo.

— Ahora deben aprender a crear tiempo y espacio en el Mundo Folgor pues se avecina una sombra negra, Kranter ha reconocido el peligro de esta ciudad libre y viene a reclamar los sus derechos ilegítimos sobre la magia.

La clase de creación de espacio-tiempo se impartió esta vez a muchos magos pues sus discípulos los habían alcanzado hasta llegar al mismo nivel de ellos. También ellos habían despertado a muchos esbirros de Kranter a la libertad que su vez habían alcanzado nuevos niveles de magia.

Pero la sombra de Kranter se cernía cada vez más rápido sobre la ciudad libre y había que crear un nuevo espacio-tiempo. Entre todos unieron sus dotes mágicas y lo crearon. En un día y una noche se mudaron la ciudad libre.

Cuando Kranter llegó no había más que un espacio en el cual habían un río y un bosque. El alarido fue tan fuerte que se oyó en todo el Mundo Folgor y hasta llegó a romper la realidad.

— Ahora ustedes han llegado el nivel de dioses porque han aprendido a crear nuevas realidades, son ahora mis colegas, bienvenidos.

— Pero maestro Gunda, no hemos encontrado Capadocia, no hemos cumplido con nuestra misión, no somos si no un grupo miserable de personas que nos creemos magos — dijo llorando Paido.

— No te pongas triste Aztlek, por que ahora ese es tu nombre ¿No has caído en cuenta de la última lección? Mira a tu alrededor. Y Aztlek, antes Paido, miró primero los rostros felices de sus compañeros magos y después vio una refulgente ciudad que se alzaba detrás de ellos, la ciudad que habían construido entre todos, la ciudad de la magia libre. Y recordó sus innumerables encarnaciones de mago—guerrero, como Aztlek, recordó a Capadocia, la misma ciudad que ahora todos veían con alegría.

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